Ricardo Romero
Politólogo UBA Posgrado
Economía Brasileña UNSAM
Miembro Fundador Red Argentina de
Ciencia Política Mariano Moreno
Este trabajo intenta exponer algunos ejes para el análisis y visualizar cuál es la perspectiva del Gobierno de Lula, teniendo presente que la naturaleza dice que: “Tras el diluvio, siempre sale el sol”, pero para no será nada fácil superar la crisis, es un desafío del PT para vivir una nueva primavera.
Importancia sociopolítica del Milagre
A partir del golpe militar iniciado en 1964, se sucederían una serie de gobiernos autoritarios hasta 1985, formados por militares, administradores tecnocráticos y políticos de vieja línea que se orientaban a la construcción de un Estado organizado con criterios de eficacia administrativa, que asegurase a expertos profesionales un lugar importante en la toma de decisiones. Comenta Halperín Donghi: “... ese Estado era expresión política del entendimiento de la elite militar, la empresa nacional y las firmas trasnacionales que han de tener un papel principal en esa etapa industrializadora...”. [1]
Si bien el golpe terminó la última expresión populista de la era varguista, en términos políticos, el gobierno se apoyaba sobre la base de la industrialización que ese período le dejaba. Hacia 1964, la industria brasileña no podía consolidarse por no ser hegemónica en la estructura económica. Sería recién con el “milagro brasileño” de 1967-73, cuando el Brasil con su expansión industrial colocaría a la industria como principal sector de la economía, siendo esto un rasgo sustancial que lo diferencia con el resto de los países de la región.[2]
En especial Argentina que, como señaló anteriormente, abandonaría un proyecto de industria autónoma bajo la dictadura de 1976. Brasil tuvo que encarar un proceso similar al de nuestro país, a partir de 1968, pero por el contrario, con una fuerte represión, encauzó las estructuras sociales acomodándolas a una moderna economía industrial.[3]
La diferencia marcada de este crecimiento que se abrirá a finales de los ‘60, residirá en que la producción estará orientada al mercado externo y los incentivos fiscales fortalecerían esta perspectiva.[4] La nueva política económica reorientaba las tasas de interés, creando un mercado de capitales, que al reducir y fijar los salarios por ley, eliminando la participación sindical en la estructura del poder político, facilitaría este proceso. Junto a ella se desplegará un legislación favorable a la expansión interna de las empresas transnacionales, el masivo ingreso de capitales y tecnología, suministrada por la Tercera Revolución Industrial.[5] Cabe destacar que el crecimiento de este período se desarrolla con un plan de estabilización antinflacionario que luego será modelo en la región.[6]
Sería el llamado milagre brasileño lo que le permitiría a este país crecer al 10 % anual en el período 1968-1973, implicando un crecimiento industrial y una alta de urbanización, modificando las estructuras sociales y el Estado.[7] Además, esto le daría una dinámica de acumulación endógena de capital a la vieja oligarquía cafetalera que reorientaría sus intereses hacia la actividad industrial, propiciando esta expansión económica.[8]
La crisis financiera internacional es la que pondrá en jaque el crecimiento brasileño. Así, Brasil encuentra dificultades externas para su desarrollo que agravarían la situación interna. Los principales problemas externos serán: obtener el financiamiento de capital y el aprovisionamiento de tecnología en un mercado internacional adverso por la crisis del petróleo.[9] El retardo en la fase expansiva debe buscarse en factores externos que impactaron al interior de la economía doméstica, en especial, la crisis que vivía la economía norteamericana.[10] Aunque el economista Paul Singer señala que el “Milagre” había alcanzado su fase alta de expansión en el momento de la crisis internacional. [11]
Contrario a las recetas de ajustes ortodoxas, el gobierno militar, ahora encabezado por Geisel implementó un II Plan Nacional de Desarrollo (entendiendo que el primero lo había implementado Médici[12]), el mismo se orientó a llevar una política expansiva que si bien recuperaron el crecimiento, llevarían a una inestabilidad financiera y fiscal que se haría sentir en la década del ‘80. A pesar de estas dificultades, la tasa promedio de crecimiento de esta década sería casi del 7%.
Sólo con la crisis de la Deuda en 1982, la economía brasileña entrará recurrentemente en procesos recesivos, momentos en que el país vivía su proceso de transición democrática, iniciado hacia 1978, por la creciente disconformidad social y la reorganización de las fuerzas políticas. Siendo destacable la formación de un poderoso movimiento obrero centrado en la ABC de San Pablo que delimitará las raíces del actual Partido dos Trabalhadores.[13]
A las altas tasas interés provacadas por la política restrictiva de la Reserva Federal norteamericana, se le sumaran la caída de los precios internacionales y la pérdida de los términos de intercambio, mecanismo que desestabilizaran las economías latinoamericanas.[14] Este cuadro se agravará con la presión de los organismos internacionales para el pago de la Deuda Externa.
Si bien el ministro de planeación Simonsen intentó un plan ortodoxo, entendido como ajuste fiscal y monetario, frente a la crisis, éste no encontró consenso en las clases dominantes renunciando y dejando su lugar a Delfim Netto, quien siguió una política expansionista que incluía considerables aumentos salariales, una reducción de las tasas de interés y una fuerte devaluación. Esta vez, el efecto de estás políticas sólo aceleró la inflación.[15] Luego de la estanflación Brasil que sufre en los años ‘80, la prioridad ya no sería recuperar el crecimiento sino estabilizar la economía.
La crisis económica profundizaba la debilidad de la dictadura. Si bien el ARENA había ganado las elecciones, su base electoral se centraba en los sectores conservadores del nordeste y las zonas rurales, siendo el gobierno de Figueiredo más débil que sus antecesores. Esta situación precipitaría el alejamiento de los militares del poder. Si bien los resultados económicos de ésta fase económica resultaban alentadores en términos de crecimiento, en lo que respecta a la distribución, la sociedad brasileña agudizaba las desigualdades en la distribución, generando una desigualdad profunda, entre un sector que vivía con parámetros de Bélgica y otro con los niveles de vida de la India. [16]
Primavera: Democratización y surgimiento del PT
Durante la década del ‘80, Brasil como la mayoría de los países de la región, experimentó su transición democrática. En la apertura política se fueron configurando los partidos políticos con la particularidad que sólo el PDT[17] de Brizola (recordemos que Ivete Vargas se quedó con el sello legal del PTB, tenía referencia a la estructura de partidos predictadura. [18] Es importante comprender esto para ver la ruptura del PT con el sindicalismo varguista e incluso con el “pelenguismo”. El PT nace de la nueva estructuración social del Brasil posmilagre.[19]
Las elecciones indirectas fueron ganadas por Tancredo Neves representante de la Alianza Democrática que reunía al tradicional PMDB[20] y grupos disidentes del PDS[21] (encabezados por José Sarney formando el Partido del Frente Liberal), convirtiéndose en el primer presidente civil elegido (por voto indirecto) después de 21 años de dictadura. T. Neves no pudo asumir debido a una seria enfermedad que le costó la vida. José Sarney, su vicepresidente (proveniente del PDS), tomó su lugar desde 1985 hasta 1990.
El gobierno implementó el Plan Cruzado, combinación de políticas económicas que establecían una reforma monetaria con cambio de moneda, congelación de precios, ajustes salariales e indexación, que obtuvo un efecto expansivo por corto tiempo, pero no lograron contener la inflación, que será un condicionante para su fracaso en los años ‘90 abriendo paso a un nuevo marco económico.[22] La economía brasileña durante toda la década del ‘80 no logrará alcanzar el performance conseguido durante los años ‘70, frente al ritmo de crecimiento de un 8% del PBI, un 2,6% de la población y un 6,2% del PBI per cápita en la fase 1970-79. Sólo se logrará, con fuertes oscilaciones, un 2% de crecimiento del PBI, un 1,9% en la población y un magro 0.10% del PBI per cápita.[23]
Este cuadro cuestionaba la base de legitimación de las elites tradicionales, que perdían fuerza electoral frente al crecimiento del Partido de los Trabajadores, que desde la disputa presidencial en 1983, pidiendo la enmienda para permitir las elecciones directas, el PT organizaba grandes manifestaciones en las principales ciudades del Brasil, en un movimiento conocido como Diretas Já. Al no conseguir su objetivo el PT decide no presentar candidato, pero desde ese momento participa en la vida política del Brasil, siendo en la actualidad la segunda fuerza política del país.[24] El gobierno de Sarney convocó a una Constituyente en 1988 que se encargó de instaurar la elección directa y en la misma se consagraron importante derechos políticos y sociales, incluso estratégicos, como prohibir la venta de las empresas públicas como Petrobras.
La capacidad de acción política del PT y su base social en el ABC metalúrgico, le permite ganar el municipio de Diadema en 1982 y además conseguir las ciudades de San Pablo, Porto Alegre y Victoria en 1988. Esto será un elemento que catapultará al PT a la disputa en la elección presidencial con la candidatura de Lula en 1989, quien había sido candidato a gobernador el año anterior, logrando entrar en el par que participó en la segunda vuelta, perdiendo por escasa cantidad de votos frente a Collor de Mello candidato del Partido de Reconversión Nacional.[25]
La gestión de Collor de Melo pronto se encontró con el cerco parlamentario y la movilización social que articuló un frente que mediante un Impeachment lo destituyó, quedando la presidencia en manos de Itamar Franco del PMDB. En el equipo económico se encontraba Fernando Enrique Cardoso del PSDB[26], un intelectual reconocido por sus teorías sobre dependencia económica en los ‘60.
Verano: ingreso del Brasil al Neoliberalismo
Los cambios políticos acaecidos por la caída de Collor, perfilaron al PT y su candidato Lula Da Silva hacia la presidencia de la República, frente a un gobierno que no lograba controlar la economía. Cuando toda la dirigencia política se aprestaba acondicionarse a un eventual gobierno petista, el ministro de hacienda implementó un programa económico que logró estabilizar la economía brasileña, encuadrándola a las nuevas tendencias neoliberales experimentadas en los países centrales y adoptadas por Argentina en 1991.
De esta forma un representante de organismos financieros, como Sebastian Edwards anuncia el fracaso definitivo de los modelos económicos setentistas y vocifera la victoria de lo que él llama “nuevo consenso económico”.[27] Sostiene Edwards que un modelo caracterizado por un proteccionismo excesivo y controles gubernamentales generalizados, que fomentaron la actividad rentistica, sumado a una estructura fiscal regresiva, una tendencia inflacionaria y sin estrategia hacia las exportaciones se mostró insostenible ante los cambios producidos en el escenario mundial. La “Crisis de la Deuda” y el fracaso de los planes “heterodoxos” tuvieron un papel importante en la reorientación económica latinoamericana. [28]
A mediados de los ‘80 los distintos países afrontaron la situación con programas de estabilización que combinaban una reforma monetaria y políticas de ingresos. Estas medidas tendían a fortalecer la presencia del Estado. El fracaso de los programas neoestructuralistas es lo que contribuyó al cambio del pensamiento económico latinoamericano, ahora la nueva moda es, un modelo basado en la competencia, el mercado y la apertura, además se redefine el papel del Estado.
Todo esto era vociferado por una serie de políticos que, como Menem o Andrés Pérez replanteaban su relación con el populismo. Estos jefes de Estado estaban acompañados por una serie de economistas como Domingo Cavallo o Pedro Aspe, que organizaron las economías latinoamericanas bajo la nueva ejida económica del “nuevo consenso”[29], que se caracteriza por reducir la inflación con un fuerte ajuste fiscal, la apertura hacia el comercio exterior y una reducción de la intervención del Estado. Esto se encaró a través de reformas fiscales, monetarias, comerciales y laborales, acompañada por privatizaciones de empresas públicas.[30]
La implementación del Plan Real para estabilizar la economía llevó a la victoria a Cardoso en primera vuelta. El prestigio de Cardoso y los primeros efectos de su plan económico hicieron que se perfilara como el candidato de una coalición de derecha que enfrentó al frente de izquierda, que llevaba la candidatura de Lula. Cardoso se presentó en la campaña como idealizador del Plan Real. Su programa se basaba en la estabilización de la moneda y la reforma de la Constitución. Concurrió con el apoyo del gobierno y de una alianza formada por el Partido de la Social Democracia Brasileña, al cual pertenecía Cardoso y orientación de centro izquierda, y el Partido del Frente Liberal (PFL) de derecha. Ganó la presidencia en primera vuelta derrotando al Frente de izquierda liderado por Lula.
La economía brasileña alcanzó su deseada estabilidad, y logró ritmos de crecimiento acelerados que legitimaron un reforma constitucional, con varios sobresaltos, pero que permitió habilitar la reelección de Fernando Enrique Cardoso quien en las elecciones de 1998 venció al frente llamado Unión de Pueblo Cambia Brasil, formada por el PT, el PDT (con su líder Brizola como candidato a la vicepresidencia), el PCB, el PCdeB y el Partido Socialista Brasileño (PSB).
El presidente Fernando Henrique Cardoso presenta al Plan Real como su principal logro de gobierno, incluso la crisis asiática que parecía jaquear el programa, fortaleció al mandatario permitiéndole un nuevo mandato. Sin duda, al analizar los índices de inflación vemos una reducción considerable, por ejemplo el Índice Nacional de Precios al Consumidor, que estaba alrededor del 48,24% en junio de 1994 descendió al 2,18% en junio de 1995[31], dan una base de legitimidad, sumándole el crecimiento que experimentó la economía brasileña en su PBI que creció a una tasa promedio del 4,1 % , su población al 1,3% anual y el PBI per capita al 2,8%.[32]
Sin embargo, si bien estos datos son satisfactorios frente al rendimiento económico del período 1980-1993, que como señaláramos más arriba, sólo creció un 2% su PBI un 1,9% su Población y un 0.10% el PBI per cápita, pero no alcanzan ni remotamente los niveles logrados en los ‘70, (8,8% PBI, 2,,6% Pob. y 6,02% PBI per capita), y ni siquiera se acerca a los niveles del período 1960-69, donde fueron 6,1% PBI, 2,9% Pob. y 3,09% PBI per cápita.[33]Lo más sorprendente aún, es que el Plan Real ni siquiera logró alcanzar los niveles de crecimiento económicos del Plan Cruzado, si observamos que la economía brasileña creció a tasa superiores al 5% en la fase 1984-1987, corriendo igual suerte el PBI per cápita.[34]
Como vemos en los datos, la performance de crecimiento en el Plan Real no alcanzó a recuperar al Brasil del Milagro. Pero cabe alertar que la victoria política del mismo no se debe solamente a haber vencido la inflación sino que integró al Brasil a las nuevas tendencias del mercado mundial descriptas anteriormente. El cambio de orientación lo plantea el mismo Fernando Henrique Cardoso al sostener “...la teoría de la dependencia, del Centro-Periferia, son teorías de la explotación y aquí ahora hay sectores del mundo que están flotando, sin ser explotadas...”[35] En cierta medida ya no se trata de desarrollarse creciendo, sino integrarse a lo nuevos cambios buscando ser explotados?!.
El resultado de la nueva política económica que subordina el crecimiento económico del Brasil al mercado internacional, deja un cuadro sombrío en el sector externo, que se expresó en un incremento de las importaciones, que provocó un desajuste en la Balanza Comercial que pasó de un superávit de U$S 13,3 billones en 1993 a un déficit de U$S 5 billones a 1996, sumándose al déficit en la Cuenta Corriente, que asciende a U$S 24,3 billones que equivale al 3,24 del PBI y al 57% de las exportaciones. Para financiar estos desequilibrios el gobierno necesita U$S 54 billones, lo que representa un 7% del PBI y un 94% del total de las reservas.[36]
El precario equilibrio macroeconómico del Brasil se hizo sentir en la Crisis Asiática, que elevó las tasas de interés provocando fugas de reservas y crisis fiscal. Como resultado de esto, Brasil se comprometió a un duro Plan con el FMI que incluye recortes presupuestarios de U$S 7 billones promedio en los años 1999-2001 y reformas en el régimen fiscal y de pensiones.[37]
A pesar del sombrío cuadro económico, Fernando Henrique Cardoso salió victorioso de la contienda electoral, siendo el primer mandatario reelecto del Brasil. La Folha de S. Paulo lo sintetizó así: “...A crise econômica perjudicou o presidente Fernando Henrique Cardoso, mas ajudou o candidato Fernando Henrique Cardoso..”.[38] Así, los brasileños por el miedo a una crisis mayor decidieron apoyar al jefe de Estado en las elecciones presidenciales de 1998.[39]
Quizás no fue solamente el miedo a la crisis el producto de este resultado electoral, debido a que el Plan Real logró beneficiar a los sectores populares, debido a que la estabilidad monetaria fijó un nivel de salarios que la inflación tendía a deteriorar, como la misma Maria da Conceição Tavares reconoce que sucedió en el primer año del programa.[40] Pero el Plan Real tuvo sus efectos sociales, que modificaron las estructuras socioeconómicas del país. Si observamos las estadísticas brasileñas, encontramos que el nivel de trabajadores asalariados, que era del 64% de la PEA en 1989, descendió al 58,8% en 1996, creciendo en sentido inverso la subocupación, que pasó del 31,8% al 37,7% respectivamente. Sin dejar de notar en el ‘89 encontramos un desempleo casi friccional del 3% y en el ‘96 alcanza el 7,2%.[41] Lo grave de este proceso es que la política macroeconómica que se aplica lleva a la destrucción de partes significativas de la estructura productiva y del empleo sin establecer una nueva base de desarrollo que genere nuevos puestos de trabajo.[42]
Incluso, el ABC metalúrgico, en el cuál el PT tiene sus raíces, está sufriendo esta transformación, la distribución de los empleados industriales pasó a ser del 52% en 1989, al 43% en 1992, precipitándose al 35% en 1995, elevando la participación del sector servicios que pasó del 36% en el ‘89 representando el 49% en la actualidad.[43] Esta situación obliga a replantear las estrategias políticas tanto a nivel sindical como partidario.[44] Afirma Singer antes que de desempleo, prefiere hablar de precarización de la fuerza de trabajo, en el cuál se pierden las relaciones laborales estables para adoptar nuevas formas de cuenta propismo vinculado a la política empresaria que tiende a absorber a los sectores medios que están adecuados a esta nueva forma de trabajo.[45] La desestructuración de la sociedad genera diversas expresiones sociales que se articulan, en algunos casos, organizativamente, como el caso del Movimiento de los Sin Tierra, que con un total de 145.712 familias en 1564 asentamientos canaliza un reclamo de justicia social por la propiedad de la tierra para producir. [46]
Sobre el que debería prestarse atención también, es el movimiento estudiantil, que a diferencia de otros, este sector de la sociedad es absorbido constantemente por esta nueva modalidad del capitalismo, que demanda fuerza de trabajo altamente cualificada pero con salarios y relaciones laborales totalmente precarizadas. Los universitarios latinoamericanos tienen un acervo político que preocupa a los organismos internacionales[47], donde se atacan las tradiciones reformistas de los estudiantes del continente. En ese sentido, el movimiento estudiantil brasileño representa a una masa de 2 millones de jóvenes, con una organización de 65 años de vida que se presenta como un sujeto social que participa en la vida política del país, como en el Impeachment a Collor.[48]
Otoño: construyendo una propuesta
Cual es el significado del crecimiento político del Partido dos Trabalhadores do Brasil?. Como lo afirma Marco Aurelio García, afirma que como Brasil es un país desarrollado con una capacidad de inserción social y los conflictos de un país desarrollado. En este sentido, plantea una comparación del PT con el PSDAlemán a principios de siglo. La fuerte industrialización 1980 tiene los mismos objetivos que la socialdemocracia tras industrialización bismarckiana con la búsqueda de una igualdad económica.
Además, los cambios estructurales que el boom demográfico generó, con concentración en San Pablo de 32 millones de habitantes, tienen implicancias en lo social. Permite ver un antes y después en SP, generando una burguesía y un proletariado concentrado en el ABC que quiebra el sindicalismo tradicional. Una ruptura con la tradición populista, centralizada en el varguismo y la formación de una nueva dinámica del movimiento obrero, permitiendo la formación de la CUT, sujeto social principal para la formación del Partido dos Trabalhadores. Así mismo, las transformaciones en el agro brasileño generaron un campesinado que reclama sus tierras, el MST. Así, a partir de las Diretas Já y la Constituyente, el PT logró articular las demandas de los diversos sectores sociales que pedían garantizar los derechos que el capitalismo tardío brasileño dejó pendiente.
De ahí, también el PT fue construyendo su “modo petista de gobernar”. Desde que en 1982 gana Diadema en el conurbano paulista: su primer gestión. Que no fue la más exitosa, allí percibieron que con la honestidad no alcanza que se necesitaba algo más: la perdieron. La pregunta que les surgió fue: Que es un gobierno popular. Construyeron un poder a partir de las Asambleas: una gestión participativa, es así como gobiernan desde 1989 Porto Alegre, habiéndose convertido en icono para la izquierda latinoamericana.[49] Desde 1996 se toma como eje programático el Presupuesto Participativo.[50] La gestión pública se desarrolla abiertamente con la ciudadanía. Dependiendo los niveles de soberanía de aplicación, avanzando hacia un proceso de Democracia Participativa. Es su forma de gobernar.
Estos ejes políticos buscan redinamizar la Sociedad Civil y el Estado generando nuevas prácticas políticas, donde la ciudadanía no se agota en vota. Genera espacios de discusión y decisión e inclusive mecanismos de cogestión y autoorganización económica que reconfigura la ciudadanía. Este es el punto esencial de la economía solidaria y el Programa FOME ZERO. Simplemente buscando un Brasil más decente.
Sin embargo quisiese reflexionar sobre la hipótesis propuesta y su vigencia. El planteo básico estaba en que Brasil tiene la capacidad de eliminar el hambre y garantizar el derecho de ciudadanía de sus habitantes, la riqueza está, el problema es político. La estrategia en los primeros meses del gobierno de Lula fue generar una alianza industrialista que genere una modernización del total de Brasil, recuperando el crecimiento económico. Sin embargo, erró la receta. Confió en una reacción de mercado y no generó un mecanismo de reactivación con el Estado, cambiar hacia ese rumbo es el desafío.
Tampoco se invalida la idea de esperanza del título del trabajo, la transformación y construcción del proyecto petista no depende sólo de ganar o perder una elección. Sino de construir poder popular. En este sentido, tanto el desarrollo del programa Fome Zero como los mecanismos de desarrollo participatorio que están diseñando Olivio Dutra (Ministro de Ciudades), Tarso Genro (Sec. Relaciones Institucionales) y Miguel Rossetto (Ministro de Agricultura), tienden a buscar reconstruir la ciudadanía. El neoliberalismo desarticuló la Sociedad Civil y debilitó al Estado, reconstruir estas esferas es parte del programa político del Partido dos Trabalhadores. Además, en este mundo globalizado, el PT debe buscar marcos estratégicos de alianzas políticas y acuerdos comerciales que permitan redinamizar la industria brasileña, base esencial para garantizar los derechos ciudadanos en Brasil.
Invierno, de nuevo invierno: el PT en el Gobierno
Superando el frío sepulcral de la dictadura, el Partido dos Trabalhadores nacía con un espíritu primaveral. Siendo la expresión de luchas sociales: como las huelgas obreras del ABC paulista desarrolladas por la CUT, las movilizaciones estudiantiles de la UNE, la disputa por la tierra del MST y las diferentes demandas de las mujeres, negros, jóvenes, indígenas y excluidos de Brasil, primero en las Diretas Ja y luego en la Constituyente de 1988, su primer estación estaría marcada por acompañar la reivindicación de las clases populares por sus derechos.
En plena caída del Muro de Berlín, el PT disputaba la presidencia de la República y ganaba Porto Alegre. Una ciudad que se convertiría en la base de su proyecto de Democracia Participativa. Dejaba de ser un partido de clases para convertirse en uno de masas, capaz de gestionar el Estado y generar cambios con la participación popular. Seria una nueva estación, un período estival de construcción social y política que priorizaba la gestión local y la ciudadanización de grandes masas sociales.
Luego de cuatro intentos, el PT lograría poner en la presidencia de la República a un tornero mecánico. Sin embargo, acorde a un clima otoñal, comenzaba a enfriar sus propuestas políticas, convirtiéndose así en un partido programático. El proyecto petista buscó lograr una coalición con el empresariado para modernizar el resto del país, sustentado en la redistribución para mejorar las condiciones sociales de los brasileños, sintetizado en el programa Fome Zero. Pero, no logró superar la resistencia de las oligarquías nordestinas y la presión de capital financiero.
Entrando a un crudo invierno, paulatinamente el PT asumiría el rol de “partido de Estado”. De esta forma, adoptó el proyecto de inserción internacional de las clases dominantes y sus prácticas para mantener la gestión pública. La “mensualidad” a los parlamentarios, no es más que un mecanismo para ejecutar el programa de gobierno. Así, los ideales de transformación quedaron subsumidos al pragmatismo neoliberal. La tempestad que golpea al PT, expresa el fracaso de la propuesta de los sectores dirigidos por Dirceu y Genoino.
Sin embargo, no todo esta perdido. Un dato relevante, es la renuncia de todos los dirigentes comprometidos y la rearticulación de los sectores de izquierda en el PT, que se pusieron como horizonte disputar la conducción partidaria. “Para la crisis del PT, más PT” es el lema que moviliza a las bases militantes para recuperar un instrumento de lucha que construyeron con sacrificio. La pregunta es: ¿el Partido dos Trabalhadores está en condiciones de generar una propuesta política con sustento popular o el gobierno de Lula está condenado a la inercia de la gobernabilidad neoliberal?.
Era Post Lula: Brasil también se vestiría de Mujer?
“La esperanza venció al miedo” fueron las palabras del tornero mecánico devenido en Presidente de la República. Con esa idea, Lula pretendía marcar un nuevo tiempo histórico, así como el “fico”, la “República” o el “Petróleo e nosso” marcaron grandes consensos nacionales en Brasil, en su sintetizaría en su discurso de asunción, buscaría al “Fome Zero” como un eje aglutinador de consensos.
Así, la gestión de Lula se concentró en recuperar el crecimiento económico, pero si bien muchos esperaban un viraje de la línea neoliberal que llevaban sus predecesores (Collor, Franco y FHC), Lula se encuadró en la visión neoclásica y se subordinó a los imperativos del mercado, a través de altas tasas e independencia del Banco Central.
Desde la perspectiva macro económica, se centra la acción en el intento de privilegiar la reactivación a partir de "incentivar" la inversión. Es verdad, parecería seguir la lógica de los noventa. Sin embargo, cabe destacar que el programa con el cuál asume Lula, se basaba en un desarrollismo industrialista, que básicamente quería generar un progreso inclusivo. De hecho, cuando la derecha generaba inestabilidad, Lula saca una "carta ao povo brasileiro" en la cual se comprometía a cierta continuidad.
Existe un error en considerar las expectativas en Lula como el programa que no ejecutó. De criticar, tenemos que ver cuánta maniobrabilidad tenía Lula para generar un cambio de dirección de las políticas neoliberales. Y en todo caso, porqué los sectores que se fueron por izquierda, no logran superar el 10% del electorado, si es que expresa algo los porcentajes de la democracia burguesa. En un sentido crítico, lo que se puede decir de Lula es que no tuvo capacidad de articular su programa con un compromiso con la burguesía, algo que constantemente expuso como su programa.
Sin embargo,sería bueno repensar esa idea, porque en el marco de los programas sociales la idea de populismo regresivo es cuestionable en medida de ver la universalización que tienen los programas que se aplican en Brasil. Cómo puede ser que el PT gana en el abandonado nordeste, incluso con el 80 por ciento en segunda vuelta?, eso es sólo el clientelismo estatal?. o no hay que pensar que el Estado también esta llegando a sectores sociales que durante siglos no tuvieron ciudadanía en Brasil?. Incluso, sería interesante ver la aplicación de cupos que está impulsando el gobierno, donde los pobres y afrodescendientes tendrán acceso a la educación superior, un derecho que en Brasil esta vedado para la mayoría.
Creo que la visión economicista coloca en el cortoplacismo pragmático la idea de un socialismo automático, sin ver las dinámicas sociales que pueden articular la construcción de proyectos, y se quedan solos sin respaldo social. Debemos tener presente que el proceso de transformación en Brasil no se detiene, y que de la dinámica social depende los avances que puedan generarse para una etapa superior al gobierno de Lula. De hecho, el debate por la sucesión marca hacia donde puede ir el proyecto socialista del PT.
En ese sentido, es interesante analizar los escenarios que se abren para un tercer mandato del Frente Popular (alianza que sustenta a Lula). La primera, es que surja un candidato de la coalición, como Ciro Gomes, quien expresaría una continuidad prolija de la política lulista. Otra posibilidad es la propuesta de un candidato propio del PT, aunque el debate estaría en ver si es del ala gobernante, que podrían ser Marta Suplicy o Tarso Genro; o una variante de cambio, donde la candidatura de Dilma Rousseff podría significar un avance hacia un programa socialista, punto que en Brasil tiene que seguir avanzando.
La esperanza brasileña aún tiene posibilidades de alcanzar una sociedad más justa e igualitaria, y existen condiciones para prosperar en ese sentido. Las elecciones de octubre próximo, comenzará a perfilarse el camino que transitará la era post Lula, donde resultan clave recuperar bastiones perdidos como la Ciudad de Porto Alegre, para marcar el paso hacia una propuesta que aún hacen brillar a una estrella.
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[1] HALPERIN DONGHI, Historia de América Latina, Alianza, 16 edic., Bs. As. 2001.
[2] Cfr Conceçâo Tavares e Luiz Gonzaga de Mello Belluzo, “Notas sobre o processo de industrializaçâo recente no Brasil”, en Desemvolvimiento capitalista no brasil, AAVV, Brasilense, Sao Paulo, 1982, 122 y ss.
[3] CANO, Wilson, “Reflexôes para uma política de resgate do atraso social e produtivo do Brasil na década de 1990.”, en Reflexôes sobre o Brasil e a nova (des)ordem internacional, UNICAMP, San Pablo, Brasil, 1995, 4 edic., p. 21 y ss.
[4] SINGER, Paul, “Interpretación del Brasil: Una experiencia histórica de crecimiento”, en Contreras y otros, Perfil del Brasil comtemporáneo, UNAM, México, 1987, p. 186.
[5] BACHA, Edmar, “Algunos problemas del crecimiento económico brasileño”, El milagro y la crisis, FCE, México, 1986.
[6] Corrêa do Lago Luiz Aranha, “A retomada do crescimeintoe as distorçôes do Milagre”, en VVAA, A ordem do progresso, Campus, Brasil, 1997, 6º edic., p. 233 y ss.
[7] Do VALLE E SILVA Nelson, “la Sociedad”, en JAGUARIBE, Helio (comp), La sociedad, el Estado y lo partidos en la actualidad brasileña, FCE, México, 1992, pp.71 y ss.
[8] CARDOSO DE MELLO, João, O capitalismo Tardío. Unicamp.
[9] CANO Wilson, reflexôes sobre o Brasil e a nova (des)ordem internacional, UNICAMP, Brasil, 4 Edic., 1997, p. 27 y ss.
[10]COUTINHO, G. Luciano y GONZAGA de MELLO BELLEZZO, Luiz, “Estado, Sistema Financeiro e forma de Manifestação”, en Desenvolvimiento capitalista no Brasil, Brasilense, San Pablo, 1982, pp.9 yss.
[11]SINGER, Paul, “As contradiçöes do Milagre”, en KRISCHKE, Paulo, Brasil de “Milagre” á “Abertura”, Cortez, São Paulo, 1983, pp. 5 y ss.
[12] CASTRP. Celso y D’ARAUJO, María Celina, Ernesto Geisel, F. Getulio Vargas, 1997, p. 289.
[13] Cfr. JEFFERSON, José da Conceição, “ABC: